¿Por qué?

¿Por qué?

miércoles, 1 de junio de 2016

Solidaridad selectiva

¿Por qué guardamos un minuto de silencio en solidaridad con las víctimas de una catástrofe? ¿Por qué salimos a la puerta del centro de trabajo para solidarizarnos con las víctimas de un atentado terrorista? ¿Por qué hacemos eso solo con determinadas víctimas y no con todas? ¿Por qué actuamos así? ¿Por qué no nos damos cuenta de nuestras contradicciones?


De hecho, ¿qué queremos transmitir con estos gestos de, supuesta, solidaridad? Si la solidaridad consiste en pasar en silencio un minuto, bien podríamos solidarizarnos con todo tipo de víctimas: de catástrofes, de atentados, de despidos, de malos tratos, de abusos, de insultos, de robos, de atropellos, de palizas; víctimas de la pobreza, del hambre, de las guerras, de las enfermedades endémicas, del cáncer, de los accidentes de tráfico… Víctimas, las hay a montones; todo depende de la perspectiva con que se mire. Y un minuto no es demasiado. Así que bien podríamos potenciar más este tipo de actos: de pie, en silencio, delante de la puerta, con semblante compungido, un minuto… y vuelta para dentro. En total habremos estado unos… ¿10 minutos? pensando en las víctimas de lo que sea. Suficiente. Y a otra cosa.

Pero, ¿es eso solidaridad? Y si lo es, ¿para qué sirve esta solidaridad? Yo no tengo nada claro que sirva para algo… al menos a las víctimas. Las que estén muertas muertas seguirán; las heridas seguirán luchando por sanar y seguir viviendo; los familiares, igual de desesperados y desorientados que antes; quien haya perdido la casa seguirá al raso; los responsables de lo sucedido… ¡Ah! ¿Dónde andarán los responsables?

¿De verdad pensamos que ese minuto de silencio sirve para algo? Consuelo moral, dirá alguien. Sí, claro. Imagínate que has perdido una pierna y viene alguien  a proporcionarte consuelo moral. Lo que tú necesitas es una prótesis, quizá una silla de ruedas, probablemente adaptar la vivienda donde vives, seguramente cambiar de trabajo, buscar un medio de moverte por tu ciudad… ¡Y lo que te ofrecen es consuelo moral! O imagina que has perdido a tu hijo, o la casa donde vives, o… El consuelo moral vendrá muy bien cuando las necesidades básicas estén cubiertas. Mientras tanto, mejor proporcionar otra solidaridad más material, ¿no crees?

No hace tanto, hubo unas explosiones en Bruselas que produjeron varias víctimas: atentado terrorista. En mi empresa se promovió un minuto de silencio al mediodía. La gente salió a la puerta, un minuto y para dentro. Unos días después hubo otro atentado terrorista en Pakistán. ¿O era Afganistán? ¡Esos países tan lejanos! ¡Uno tiende a confundirlos! El caso es que hubo el doble de muertos que en Bruselas. ¿Promovió mi empresa un minuto de silencio? ¿A que ya te imaginas la respuesta?

No seamos hipócritas. Si nos 'solidarizamos' con Bruselas y no con Pakistán o Afganistán o lo-que-sea-tán, no es porque nos preocupen las víctimas, es porque vemos amenazada nuestra forma de vivir, nuestra civilización occidental, nuestro mundo perfecto. En el fondo, lo que queremos es librarnos, que no nos pase a nosotros lo de Bruselas o lo de París, por citar experiencias traumáticas cercanas. A las víctimas las olvidamos pronto; el miedo, el terror, la inseguridad, la impotencia tardan más tiempo en irse.

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