¿Por
qué guardamos un minuto de silencio en solidaridad con las víctimas de una
catástrofe? ¿Por qué salimos a la puerta del centro de trabajo para
solidarizarnos con las víctimas de un atentado terrorista? ¿Por qué hacemos eso
solo con determinadas víctimas y no con todas? ¿Por qué actuamos así? ¿Por qué
no nos damos cuenta de nuestras contradicciones?
De
hecho, ¿qué queremos transmitir con estos gestos de, supuesta, solidaridad? Si
la solidaridad consiste en pasar en silencio un minuto, bien podríamos
solidarizarnos con todo tipo de víctimas: de catástrofes, de atentados, de
despidos, de malos tratos, de abusos, de insultos, de robos, de atropellos, de
palizas; víctimas de la pobreza, del hambre, de las guerras, de las enfermedades
endémicas, del cáncer, de los accidentes de tráfico… Víctimas, las hay a
montones; todo depende de la perspectiva con que se mire. Y un minuto no es
demasiado. Así que bien podríamos potenciar más este tipo de actos: de pie, en
silencio, delante de la puerta, con semblante compungido, un minuto… y vuelta
para dentro. En total habremos estado unos… ¿10 minutos? pensando en las
víctimas de lo que sea. Suficiente. Y a otra cosa.
Pero,
¿es eso solidaridad? Y si lo es, ¿para qué sirve esta solidaridad? Yo no tengo
nada claro que sirva para algo… al menos a las víctimas. Las que estén muertas
muertas seguirán; las heridas seguirán luchando por sanar y seguir viviendo;
los familiares, igual de desesperados y desorientados que antes; quien haya
perdido la casa seguirá al raso; los responsables de lo sucedido… ¡Ah! ¿Dónde
andarán los responsables?
¿De
verdad pensamos que ese minuto de silencio sirve para algo? Consuelo moral,
dirá alguien. Sí, claro. Imagínate que has perdido una pierna y viene
alguien a proporcionarte consuelo moral.
Lo que tú necesitas es una prótesis, quizá una silla de ruedas, probablemente
adaptar la vivienda donde vives, seguramente cambiar de trabajo, buscar un
medio de moverte por tu ciudad… ¡Y lo que te ofrecen es consuelo moral! O imagina
que has perdido a tu hijo, o la casa donde vives, o… El consuelo moral vendrá
muy bien cuando las necesidades básicas estén cubiertas. Mientras tanto, mejor
proporcionar otra solidaridad más material, ¿no crees?
No
hace tanto, hubo unas explosiones en Bruselas que produjeron varias víctimas:
atentado terrorista. En mi empresa se promovió un minuto de silencio al
mediodía. La gente salió a la puerta, un minuto y para dentro. Unos días
después hubo otro atentado terrorista en Pakistán. ¿O era Afganistán? ¡Esos
países tan lejanos! ¡Uno tiende a confundirlos! El caso es que hubo el doble de
muertos que en Bruselas. ¿Promovió mi empresa un minuto de silencio? ¿A que ya
te imaginas la respuesta?
No
seamos hipócritas. Si nos 'solidarizamos' con Bruselas y no con Pakistán o
Afganistán o lo-que-sea-tán, no es porque nos preocupen las víctimas, es porque
vemos amenazada nuestra forma de vivir, nuestra civilización occidental,
nuestro mundo perfecto. En el fondo, lo que queremos es librarnos, que no nos
pase a nosotros lo de Bruselas o lo de París, por citar experiencias
traumáticas cercanas. A las víctimas las olvidamos pronto; el miedo, el terror,
la inseguridad, la impotencia tardan más tiempo en irse.

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