¿Por qué?

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domingo, 1 de octubre de 2017

Las lenguas se mueren

¿Por qué nos rasgamos las vestiduras cuando desaparece una especie animal o vegetal y, sin embargo, ni nos damos por enterados cuando desaparece una lengua? ¿Por qué las lenguas en peligro de extinción no recaban nuestra estima del mismo modo que lo hace la posibilidad de extinción del lince ibérico o del tigre siberiano? ¿Por qué no nos preocupamos en la misma medida?


En la actualidad, existen más de 6.500 lenguas vivas en el mundo. Cada dos semanas desaparece una. Más de la mitad se están muriendo y desaparecerán a lo largo de este siglo. Los expertos estiman que, para que una lengua pueda mantenerse viva en el tiempo, debe tener, al menos, 100.000 hablantes, un listón demasiado alto para muchas de ellas. Y cuando una lengua desaparece, desaparece también una forma de ver el mundo: canciones, historias, leyendas, conocimientos, etcétera. Un daño comparable a la extinción de una especie… o mucho más si tenemos en cuenta que se calcula que en el planeta puede haber entre 5 y 10 millones de especies (aunque solo se han descrito por el momento menos de 2 millones).

Imagino que, como en otras muchas cosas, si el problema no nos afecta a nosotros, o bien nos da igual o bien nos da lo mismo. Pues bien, en nuestro país también hay lenguas que están en peligro o pueden estarlo en un futuro no muy lejano, según la clasificación que utiliza la Unesco para establecer la vitalidad de una lengua:
  
-        VulnerableLa mayoría de los niños la hablan, pero puede estar restringida a determinados ámbitos (por ejemplo, el hogar)..

-        En peligro: Los niños ya no la aprenden como lengua materna en casa.

-        En peligro grave: La hablan los abuelos y generaciones anteriores; aunque la generación de los padres puede entenderla, no la hablan entre ellos ni con los niños.

-        En peligro crítico: Los hablantes más jóvenes son los abuelos, y la hablan parcial y raramente.

-        Extinta: No queda ningún hablante.

Según los criterios de la Unesco, el aragonés, el asturleonés y el aranés están en peligro, y el vasco es vulnerable.

La Unesco puso en marcha su Atlas de las lenguas del mundo en peligro hace ya muchos años para que las instancias pertinentes (léase, administraciones estatales, regionales…) tuvieran la información necesaria para actuar. ¿Habrá alguien que busque soluciones? ¿O dejaremos que el español, primero, y el inglés, después, vayan extinguiendo al resto? Veremos.

sábado, 1 de julio de 2017

El idioma por bandera

¿Por qué nos empeñamos en identificar un idioma con una bandera? ¿Por qué pensamos que el español es de España; el francés, de Francia; el inglés, de Inglaterra, y así sucesivamente? ¿Por qué ni siquiera nos planteamos otra cosa? ¿Por qué estamos tan cegados? 


Cuando vi esta foto por primera vez, no supe cómo interpretarla. Estaba tan acostumbrado a ver siempre una bandera inglesa (bueno, del Reino Unido) para simbolizar el idioma inglés, que me quedé descolocado. Al final, la explicación que me busqué yo mismo para mí mismo fue que a esta universidad acuden probablemente alumnos de Estados Unidos y poner una bandera estadounidense, en vez de la bandera reinounidense habitual, era una forma de cortesía hacia ellos. Pero luego me di cuenta de que mi interpretación cojeaba un poco, porque eso quería decir que la universidad no tiene más alumnos extranjeros que los estadounidenses... cosa un poco rara, ¿verdad? En fin.

Ahora bien, pensando pensando, resulta que el inglés lo hablan unos 500 millones de personas, que Reino Unido tiene menos de 55 millones de habitantes y que Estados Unidos tiene más de 300 millones. Entonces, atendiendo a la capacidad habladora numérica, quizá fuera más adecuado identificar el idioma inglés con la bandera estadounidense, ¿no?... si es que es necesario identificar un idioma con una bandera. ¿Qué opinas tú?

A mí me da que identificar idioma con bandera no es una identificación pertinente. Primero, porque complica la comprensión, que fue lo que me pasó a mí al ver lo de la foto: una palabra (inglés, o ‘english’; español) es mucho más esclarecedora que una bandera. Segundo, porque se puede interpretar como la perpetuación de la etapa colonial de antaño o, al menos, como un recordatorio involuntario de aquello: vale que el idioma se llama español... y eso nadie lo va a cambiar, pero la bandera solo identifica a España, que tiene menos de 50 millones de habitantes, cuando los hablantes de español son más de 560 millones. ¿Qué pensará un salvadoreño o un argentino al ver su idioma ―sí, también es suyo― asimilado a la bandera de España?

Seamos claros, por favor: una bandera es una bandera… y nada más.

martes, 16 de mayo de 2017

Políticos y lengua

¿Por qué los políticos se meten donde no les llaman? ¿Por qué no se dedican a la política y dejan la lengua en manos de los lingüistas? ¿Por qué se creen con derecho a manejar a su conveniencia política las certezas científicas? ¿Por qué para ellos dos y dos rara vez son cuatro?


Un fin de semana de primavera, se celebraron varios congresos regionales de partidos políticos. En uno de ellos, en Baleares, uno de los candidatos a dirigir el partido, presentó una propuesta para dejar de llamar lengua catalana a la lengua que se habla en Baleares y empezar a llamarla lengua balear. La propuesta fue rechazada. El candidato, también. No creo que fuera por eso, o no creo que fuera solo por eso, pero no ganó él.

Este episodio me ha hecho recordar que, en la época de la llamada Transición, así en mayúsculas, se redactó y se aprobó la Constitución, también en mayúsculas  —¡cómo les gustan las mayúsculas a los políticos!—, para dotar de legitimidad democrática a lo que venía después de que Franco desapareciera. Para que el personal supiera qué era eso de la Constitución y dar a conocer su contenido, los poderes públicos del momento distribuyeron una gran cantidad de ‘constituciones’ en formato manejable y en las lenguas de España; a saber: castellano, gallego, vascuence, catalán, valenciano y balear. ¡Sí, también valenciano y balear! Yo, en periodo de formación como lingüista en aquel momento, tuve en mis manos un ejemplar de las versiones en valenciano y catalán, y me dio por compararlas. Las diferencias no pasaban de tres o cuatro: alguna terminación verbal, algún demostrativo… y poco más. Y lo mismo ocurriría seguramente con la versión en balear.

Hace unos años, en Aragón se aprobó una normativa que mencionaba la 'lengua aragonesa propia del área oriental' (y la 'lengua aragonesa propia de las áreas pirenaica y prepirenaica'), lapao (y lapapyp), en abreviado. La primera no era más que el catalán que se habla en una estrecha franja fronteriza con Cataluña (y la segunda es lo que se ha llamado toda la vida el aragonés). 

Los lingüistas dicen que lo que se habla en todas estas zonas mencionadas es catalán, con sus diferentes variantes locales, pero catalán. Los políticos, sin embargo, dicen que… según y depende: puede ser catalán, valenciano, balear, lapao… ¡Hombre! Si lo que pretenden es que España suba en la clasificación de países con población plurilingüe, no es mala idea: así pueden decir que no-sé-cuantos-españoles hablan 4 lenguas. O más, si en vez de decir lengua balear, decimos mallorquín, menorquín e ibicenco; y si añadimos barcelonés,
tarragonés, leridano y gerundense, ya ni te digo. ¡Seamos serios, por favor!

miércoles, 1 de marzo de 2017

Plurilingüismo, no bilingüismo

¿Por qué, en España, las otras lenguas que no son el español tienen menos importancia? ¿Por qué no se les presta la misma atención por parte del Estado? ¿Por qué se les otorga categoría de lengua oficial si no se les va a asignar los mismos recursos? ¿Por qué se deja en manos de las administraciones regionales la tarea de potenciarlas? ¿Por qué se las trata como lenguas de segunda, cuando el plurilingüismo lo que hace es enriquecer las sociedades?


A lo que parece, se está hablando de ofrecer a todos los españoles, vivan o no en una región con una segunda lengua oficial, la posibilidad de que la Administración les expida un carné de identidad bilingüe. Se habla también del pasaporte bilingüe y del carné de conducir bilingüe. Si he entendido bien la información, se trata de que cualquiera pueda elegir la segunda lengua, porque la primera, claro, será siempre el español. Así, una madrileña podrá pedir que le expidan el carné en español y gallego; su marido, que se lo expidan en español y catalán, y el hijo de ambos, que se lo expidan en español y vascuence, por poner un ejemplo cualquiera. Y, me imagino, un vasco tendrá que quedarse con su carné en español y vascuence; un gallego, con su carné en español y gallego, un catalán… Es decir, los que viven en una región con segunda lengua oficial, no tendrán posibilidad de elección. Parece lógico, ¿verdad?

El caso es que, si esta medida llega a implementarse, será, como siempre, tarde y de forma superficial. Tarde porque, ¿cuánto hace que existen en España lenguas oficiales diferentes del español? ¿Más de 30 años? ¿Más de 35? Pues eso. Y de forma superficial, porque tiene toda la pinta de ser una operación cosmética, algo para contentar un poco a unos sin molestar demasiado a otros. Me explico. Un Estado verdaderamente convencido de la importancia de esas otras lenguas nacionales —llamémoslas así— debería expedir carnés y pasaportes plurilingües, con todas las lenguas oficiales, para todos los ciudadanos, vivan donde vivan. Sería una forma de potenciar la riqueza que supone el plurilingüismo y es un desperdicio no hacerlo, no utilizar ese potencial para conocer mejor al otro, para ayudar a interpretar al diferente. Pero, claro, para no herir sensibilidades de unos o de otros…

En el fondo, esto de los carnés y pasaportes no deja de ser una nimiedad, una minucia. Como realmente se potencia el plurilingüismo es con la educación, y eso, eso ya son palabras mayores. ¿Cómo se puede entender que, en los planes educativos oficiales de Madrid, por poner un ejemplo, o de cualquier otra región no oficialmente bilingüe de España, esté planificado el estudio del inglés —y me imagino que también se podrá estudiar francés y, probablemente, alemán— y, en cambio, sea imposible estudiar otra lengua nacional? La única explicación es la cortedad de miras de quienes nos administran y nos gobiernan: incluimos el inglés en los planes de estudio oficiales y no el gallego, por poner un ejemplo, porque no hay dinero para todo y el inglés es la lengua más hablada en el mundo. Los argumentos dados siempre suelen ser de esta clase: practicistas, cortoplacistas, de administradores y gobernantes pequeños, en definitiva.

Si esta tendencia se consolida —que ya se está consolidando—, pronto lo que algunos mencionan como las humanidades desaparecerán totalmente de los planes de estudios: filosofía, ¿para qué, si todo el mundo ya sabe pensar?; latín y griego, ¿para qué, si son lenguas muertas?; literatura, ¿para qué, si ya casi nadie lee?; lengua española, ¿para qué, si todo el mundo sabe hablar?…  

Me pregunto si no estaremos ya criando y educando a generaciones de idiotas. Por favor, idiotas, no. ¡Idiomas!

jueves, 1 de diciembre de 2016

Esperando el esperanto

¿Por qué estoy obligado a aprender a hablar en inglés para poder comunicarme con personas que no hablan la misma lengua que yo? ¿Por qué no saber inglés supone no ser nadie en el ámbito internacional? ¿Por qué el inglés precisamente, con su carga de imperialismo añadida, y no otra lengua? ¿Por qué no una lengua artificial, desprovista de cualquier vinculación imperialista o connotación patriótica? ¿Por qué ninguna instancia internacional apuesta por el esperanto, por ejemplo? ¿Por qué no interesa?



Una de las cosas de las que se ha hablado a consecuencia del referéndum del brexit es si el inglés dejará de ser una de las lenguas oficiales de la UE. Parece ser que, cuando se incorporaron al club europeo, Irlanda y Malta, dos países con el inglés como lengua oficial, no eligieron el inglés como ‘su’ lengua para la UE, puesto que ya lo había elegido Reino Unido, y se decantaron por el irlandés y el maltés, respectivamente. Por lo tanto, el inglés en la UE está vinculado a Reino Unido; si Reino Unido abandona la UE, el inglés también. Bueno, esa es la teoría al menos. Pero me imagino yo que, si el brexit llega a concretarse finalmente, ya harán lo posible y más para que la UE siga considerando el inglés como una de sus lenguas. No olvidemos que, en la actualidad, es la lengua de intercambio internacional por excelencia, la lengua en la que se establecen los contactos entre personas de diferentes orígenes lingüísticos.

El uso de una lengua determinada como herramienta de intercambio internacional ha sido una constante en la historia. En nuestro mundo occidental europeo, ahora es el turno del inglés, pero, en épocas anteriores, el francés fue el idioma internacional de la diplomacia y, en otros periodos, incluso el español fue una lengua de intercambio internacional. En otras zonas y en otras épocas, el ruso y el chino también actúan o han actuado como lenguas internacionales. Todo ello aparejado a la importancia y preponderancia política o, más bien, militar de un determinado país en cuestión. Y, precisamente, esa vinculación tan estrecha entre lengua y dominación hace que muchas personas sean reacias a aprender la lengua internacional de turno.

Por otro lado, la lengua propia de cada uno forma parte de lo más profundo del ser humano: las primeras palabras que oímos de nuestra madre… en nuestra ‘lengua materna’, las primeras palabras que dijimos, las nanas que nos cantaron, etcétera. Nos acompaña toda la vida y la llevamos muy adentro. De ahí la dificultad de reemplazarla por otra lengua, que nunca va a tener la misma carga emocional que la propia.

Puestos a tener que aprender una lengua diferente a la propia para poder comunicarnos con otras personas, lo ideal es optar por alguna lengua artificial. Por lo general, son lenguas que han sido diseñada para hacer sencilla la comunicación entre personas de orígenes lingüísticos diferentes: gramática simplificada, sintaxis simplificada, vocabulario evolutivo… Además, están desprovistas de connotaciones patrióticas o nacionales y no parece que puedan llegar a ser sentidas como una imposición imperialista o un riesgo en lo que respecta a lo emocional.

El esperanto es ideal en este sentido.

La ONU tiene 6 lenguas oficiales; la Unión Europea, 24, por poner solo dos ejemplos. Si todo el dinero que se gastan estas y otras instituciones internacionales en trabajos de traducción e interpretación se dedicara a potenciar el aprendizaje del esperanto como lengua de intercambio internacional, no creo que fuera descabellado pensar que en el transcurso de una generación el esperanto se habría implementado satisfactoriamente. ¿Nos ponemos manos a la obra?