¿Por
qué nos duele que alguien mate un león o un elefante en un safari y, en cambio,
no dudamos en aplastar una mosca que nos está incordiando? ¿Por qué nos
sentimos fatal ante el trato dado a los toros en las corridas de ídem y, en
cambio, ni nos damos por enterados del trato que reciben los cobayas en los
laboratorios? ¿Por qué la muerte de algunos animales nos impresiona tanto y, en
cambio, somos indiferentes ante la muerte de muchos otros?
Vivimos
en una época en la que la defensa de los animales está al orden del día. No
solo maltratar animales, sino también matarlos, es algo inaceptable ya para
muchas personas, también para muchas que no se declaran abiertamente
ecologistas o animalistas. Hace ya tiempo que, además, se habla de los derechos
de los animales. E incluso hay quien pretende que algunos animales tengan
personalidad jurídica y hablan del concepto de persona no humana. Cosas todas
ellas muy controvertidas. En cualquier caso, no hay duda de que la percepción
de los animales entre los humanos ha cambiado. Sí, seguimos criándolos y
matándolos para comer, seguimos explotándolos para que trabajen para nosotros,
seguimos encerrándolos y usándolos como mascotas, pero cada vez aceptamos menos
que sufran por diversión o por tradición.
Ahora
bien, ese trato que no queremos que se dé a los animales, ¿incluye a cualquier
bicho viviente? Me temo que no. Dicho en otras palabras: ¿nos sentimos igual de
mal cuando se mata o se maltrata a un toro y a una gallina? Me sigo temiendo
que no. Es muy probable que ni siquiera seamos conscientes de ello, pero está
claro que nuestra concepción del maltrato o de la muerte inútil no abarca a
todos los seres vivos. Seguramente sí a perros y gatos, e incluso a todos los mamíferos:
no en vano son los animales más cercanos a los humanos en la escala biológica.
Quizá también a unas cuantas aves: las que son susceptibles de convertirse en
mascotas o algunas de gran tamaño… Hasta es probable que incluyamos a determinados
peces, reptiles o anfibios. Pero seguro que los insectos nos dan igual, o casi.
Y lo mismo los arácnidos. ¿Por qué? ¿Por qué esta discriminación animal? No
creo que nadie lo sepa. Quizá tenga que ver con el hecho de que sean animales
pequeños, diminutos algunos, o que sean feos, incluso repulsivos a la vista
algunos… o vete tú a saber qué.
La
cuestión es que en esto, como en muchas otras cosas, tenemos distintas varas de
medir... y ni siquiera somos conscientes.

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