¿Por
qué, en España, las otras lenguas que no son el español tienen menos
importancia? ¿Por qué no se les presta la misma atención por parte del Estado?
¿Por qué se les otorga categoría de lengua oficial si no se les va a asignar
los mismos recursos? ¿Por qué se deja en manos de las administraciones
regionales la tarea de potenciarlas? ¿Por qué se las trata como lenguas de
segunda, cuando el plurilingüismo lo que hace es enriquecer las sociedades?
A
lo que parece, se está hablando de ofrecer a todos los españoles, vivan o no en
una región con una segunda lengua oficial, la posibilidad de que la
Administración les expida un carné de identidad bilingüe. Se habla también del
pasaporte bilingüe y del carné de conducir bilingüe. Si he entendido bien la
información, se trata de que cualquiera pueda elegir la segunda lengua, porque
la primera, claro, será siempre el español. Así, una madrileña podrá pedir que
le expidan el carné en español y gallego; su marido, que se lo expidan en
español y catalán, y el hijo de ambos, que se lo expidan en español y
vascuence, por poner un ejemplo cualquiera. Y, me imagino, un vasco tendrá que
quedarse con su carné en español y vascuence; un gallego, con su carné en
español y gallego, un catalán… Es decir, los que viven en una región con
segunda lengua oficial, no tendrán posibilidad de elección. Parece lógico,
¿verdad?
El
caso es que, si esta medida llega a implementarse, será, como siempre, tarde y
de forma superficial. Tarde porque, ¿cuánto hace que existen en España lenguas
oficiales diferentes del español? ¿Más de 30 años? ¿Más de 35? Pues eso. Y de
forma superficial, porque tiene toda la pinta de ser una operación cosmética,
algo para contentar un poco a unos sin molestar demasiado a otros. Me explico.
Un Estado verdaderamente convencido de la importancia de esas otras lenguas nacionales
—llamémoslas así— debería expedir carnés y pasaportes plurilingües, con todas
las lenguas oficiales, para todos los ciudadanos, vivan donde vivan. Sería una
forma de potenciar la riqueza que supone el plurilingüismo y es un desperdicio
no hacerlo, no utilizar ese potencial para conocer mejor al otro, para ayudar a
interpretar al diferente. Pero, claro, para no herir sensibilidades de unos o
de otros…
En
el fondo, esto de los carnés y pasaportes no deja de ser una nimiedad, una
minucia. Como realmente se potencia el plurilingüismo es con la educación, y
eso, eso ya son palabras mayores. ¿Cómo se puede entender que, en los planes educativos
oficiales de Madrid, por poner un ejemplo, o de cualquier otra región no
oficialmente bilingüe de España, esté planificado el estudio del inglés —y me
imagino que también se podrá estudiar francés y, probablemente, alemán— y, en
cambio, sea imposible estudiar otra lengua nacional? La única explicación es la
cortedad de miras de quienes nos administran y nos gobiernan: incluimos el
inglés en los planes de estudio oficiales y no el gallego, por poner un
ejemplo, porque no hay dinero para todo y el inglés es la lengua más hablada en
el mundo. Los argumentos dados siempre suelen ser de esta clase: practicistas,
cortoplacistas, de administradores y gobernantes pequeños, en definitiva.
Si
esta tendencia se consolida —que ya se está consolidando—, pronto lo que
algunos mencionan como las humanidades desaparecerán totalmente de los planes
de estudios: filosofía, ¿para qué, si todo el mundo ya sabe pensar?; latín y
griego, ¿para qué, si son lenguas muertas?; literatura, ¿para qué, si ya casi
nadie lee?; lengua española, ¿para qué, si todo el mundo sabe hablar?…
Me
pregunto si no estaremos ya criando y educando a generaciones de idiotas. Por
favor, idiotas, no. ¡Idiomas!

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