¿Por qué le parece bien
a la sociedad actual discriminar positivamente a las mujeres? ¿Por qué acepta la
sociedad que las mujeres sean mejor tratadas que los hombres en determinadas
circunstancias? ¿Por qué entra en juego el sexo en la discriminación positiva?
Hace unos años, muchos, el
Ayuntamiento de Madrid ―creo que era el de Madrid― convocó unas oposiciones a
barrendero ―no creo que ese fuera el nombre oficial del puesto, pero así nos
entendemos rápidamente― en las que tenían preferencia las mujeres. No recuerdo
cómo se plasmaba esa preferencia: si daban uno o varios puntos a cada mujer,
por el hecho de serlo; si, en caso de empate en el resultado final entre un
hombre y una mujer, la mujer adelantaba al hombre… No lo recuerdo. Lo que sí
recuerdo es que la justificación de esa iniciativa era que la presencia de la
mujer entre los barrenderos de Madrid era testimonial… y que eso tenía que
mejorar. Mejorar, claro, en ese contexto, quería decir que la presencia de la
mujer tenía que aumentar.
Hace unas semanas, pocas, la
Generalitat Valenciana ha aprobado un plan de igualdad en el que, entre otras
decisiones, se incluye que las mujeres adelanten a los hombres en caso de
empate en los concursos y oposiciones de puestos en los que estén
infrarrepresentadas.
Supongo que, tirando de
hemeroteca, no sería difícil encontrar más ejemplos de discriminación positiva
de las mujeres en lo que se llama la Administración Pública, pero con estos dos
es más que suficiente para situar el asunto y saber de qué estamos hablando.
A mí, siempre me ha
sorprendido bastante esta cuestión de la discriminación positiva por razón de
sexo. Ya me pasó antaño, con lo del Ayuntamiento de Madrid, y me sigue pasando
hogaño.
Entiendo, y comparto, la
discriminación positiva en favor de grupos de personas vulnerables o
desfavorecidas, como puede ser el caso de los discapacitados: veo bien que
disfruten de determinados privilegios en concursos y oposiciones, me parece
pertinente que tengan preferencia de acceso a determinados sitios, acepto que
paguen menos impuestos o reciban ayudas para adaptar su vivienda…
Me cuesta mucho más entender
la discriminación positiva en favor de otro tipo de colectivos. Por ejemplo, que
los taxistas urbanos tengan un carril exclusivo por el que circular siempre me
ha chirriado bastante: es darles privilegios a unos trabajadores de unas empresas
privadas y no a otros. Los autobuses de transporte público, todavía; pero los
taxis… Igual me pasa con los ciclistas urbanos: que tengan un carril exclusivo
para ellos, nunca me ha gustado… ¡y eso que yo me beneficio una enormidad de
esta medida!
Pero lo que no entiendo en
absoluto es la discriminación positiva por razón de sexo: ni que las mujeres
tengan preferencia para ser barrenderas, ni que tengan preferencia los hombres
para ser comadrones.
Dice el diccionario de la
RAE que ‘discriminar’ es “dar trato desigual a una persona o colectividad por
motivos raciales, religiosos, políticos, de sexo, etc.”. Para mí, la
discriminación positiva por razón de sexo sigue siendo discriminación.
Creo en la igualdad entre
mujeres y hombres… en el sentido que oí hace poco de labios de una mujer en la
película ‘Libertarias’, de Vicente Aranda:
“Los
hombres y las mujeres no son iguales, son equivalentes”.
Dice el diccionario de la RAE
que ‘equivaler es “dicho de una persona o de una cosa: ser igual a otra en la
estimación, valor, potencia o eficacia”. Pues eso.

No hay comentarios:
Publicar un comentario